lunes, 18 de mayo de 2020

Aprovechando el pánico de la población y el apoyo espiritual del Vaticano: El mayor operativo de ingeniería social y de trasbordo ideológico de la Historia



                            Aprovechando el pánico de la población
y el apoyo espiritual del Vaticano
El mayor operativo de ingeniería social
y de trasbordo ideológico de la Historia

Si el Guinness Book of Records abriera un concurso para describir la actitud más insensata de una persona, el premio lo recibiría probablemente quien se suicidara por miedo a morir.
Es precisamente lo que está llevando a cabo el mundo contemporáneo con relación a la epidemia del coronavirus. Es decir, una reproducción en el ámbito social de aquello que el SARS-Cov2 provoca en los organismos debilitados: una reacción excesiva del sistema inmunológico que determina el bloqueo de los pulmones y la muerte por asfixia.
Proyecciones apocalípticas sobre la base de modelos matemáticos no confiables
Podemos mencionar por ejemplo a Italia, la primera nación occidental que sufrió el ataque del virus proveniente de China.
En un primer momento la Organización Mundial de la Salud (OMS) minimizó el brote del Coronavirus en la ciudad china de Wuhan y felicitó al régimen comunista por su trabajo para contener la epidemia. El 17 de febrero, sin embargo, a través de la científica ítalo-norteamericana Ira Longini, una de sus consultoras más destacadas, la  OMS dio un giro radical y, sobre la base de los datos estadísticos suministrados por las autoridades chinas, estimó que el virus contagiaría al 66% de los 7.700 millones de habitantes del planeta, provocando un total de entre 45 a 50 millones de muertes en todos los continentes.
Aplicando esas proyecciones a Italia,  el periodista Alberto Rossi calculó que si el país no hubiera sido más ágil que los otros en aislar a los difusores involuntarios del virus, los italianos contaminados serían entre 36 y 40 millones y los muertos entre 400 y 450 mil, ¡número equivalente al de las víctimas de Italia en la Segunda Guerra Mundial: 330 mil soldados y 130 mil civiles!1
Otros periodistas hicieron cálculos aún más apocalípticos: “Supongamos que finalmente sólo resulten infectados el 30%, cerca de 20 millones” –escribió Francesco Sisci en el cotidiano Il Sussidiario del 9 de marzo ppdo. “Si de ese total –haciendo un descuento– el 10% entrara en crisis [respiratoria], ello significa que, sin terapia intensiva, están destinados a sucumbir. Serían dos millones de defunciones directas, más todas aquellas indirectas como consecuencia de un colapso del sistema sanitario”.2
Una semana más tarde, el Imperial College de Londres divulgó un estudio dirigido por el Prof. Neil Ferguson, que después sirvió de fundamento para que un gran número de gobiernos impusiera la drástica cuarentena a las respectivas poblaciones. El estudio preveía que, de no decretarse dicha cuarentena, en Gran Bretaña habría aproximadamente 510.000 muertes y en los Estados Unidos 2 millones doscientas mil, por tratarse de un virus “con una letalidad comparable a la de la influenza H1N1 de 1918” [gripe española]3 Una información explosiva, pero presumiblemente exagerada, dado que una reconstrucción de ese virus, realizada en el año 2005 en el, Centro de Control de Enfermedades de Atlanta como así también estudios posteriores, demostraron que fue 100 veces más letal que las otras formas de influenza surgidas a lo largo del siglo XX.4
Aún cuando las informaciones que se conocieron de Wuhan no dieran credibilidad a esa afirmación sobre la letalidad del virus, las proyecciones del Imperial College fueron consideradas casi como un “dogma de fe” e incluso indujeron al gobierno británico a cambiar de actitud. Este último no dio marcha atrás en lo que dice respecto a las medidas de confinamiento, aún cuando el Prof. Ferguson, jefe del equipo, confesó lo siguiente en un tweet: “Estoy consciente de que mucha gente querría ver y ejecutar el código de simulación de la pandemia que estamos utilizando para modelar medidas de control contra el Covid-19. Para explicar el telón de fondo yo escribí el código (miles de líneas no documentadas en C) [hace] 13 años para modelar las pandemias de gripe”.5 La revelación provocó centenares de respuestas en Twitter, señalando la extrema vulnerabilidad de ese lenguaje de programación, aún más debilitado por el gran número de líneas indocumentadas, que hacen casi imposible, por lo demás, una verificación externa.6 Diez días después, un equipo de la Universidad de Oxford presentó un modelo alternativo asumiendo que un número mucho mayor de habitantes de las Islas Británicas ya estaría contaminado, razón por la cual las tasas de letalidad serían mucho menores.7
El futuro dirá cuál fue la proyección más correcta. De todos modos, una confirmación fáctica del modelo de Oxford y un desmentido a la letalidad atribuida al SARS-CoV-2 por las proyecciones de la OMS y del Imperial College provinieron de un estudio presentado el día 9 de abril por el Instituto de Virología de la Universidad de Bonn. El estudio consistió en varios testeos minuciosos hechos en una muestra de mil personas en la aldea de Gangelt, en la comarca de Heinsberg, el primer foco de la epidemia en Alemania. Así resume los resultados el diario Le Monde: “Un estudio alemán revisa el índice de mortalidad. Las investigaciones llevadas a cabo con los 12.446 residentes en Gangelt muestran números cinco veces inferiores a la evaluación original. Los investigadores argumentan que su método identifica a todas las personas infectadas, incluyendo a los portadores asintomáticos”. De hecho, se verificó que el índice de infección fue del 15% de la población y la tasa de mortalidad de tan solo el 0,37%, o sea, cinco veces inferior a la que había asignado al país la Universidad Johns Hopkins.8
Sea como fuera, no parece sensato que los gobiernos adopten decisiones drásticas, basándose en modelos matemáticos construidos sobre datos inciertos. Para demostrarlo, volvamos nuevamente la mirada hacia Italia.
El mismo día en que estas líneas están siendo escritas (20/04/20), el boletín de la Protección Civil anunció que, por primera vez desde el comienzo de la crisis, en ese país disminuyó el número de personas cuyo test fue positivo, como así también el de personas en las unidades de terapia intensiva que necesitan ayuda respiratoria9, razón por la cual se puede presumir que el pico de la epidemia quedó atrás, salvo que eventualmente haya una mutación del virus y una nueva oleada epidémica, como ocurrió con el virus H1N1 entre el 2009 y el 2011 10.
Hasta el día de hoy, el número oficial de muertos por coronavirus en Italia es de 23.660. Supongamos que no ocurra un cambio de virus y que ese número se duplique hasta fin de año. El total de fallecimientos llegaría a 47 mil, es decir, casi 10 veces menos que la proyección menos alarmista del comienzo de la epidemia y 50 veces menos que la más alarmista de hace tan solo un mes.
Cuarenta mil muertos es un número muy elevado. Sería una tragedia para las víctimas y sus familiares como también un duro golpe para Italia. Y esta tragedia no sería menor por el hecho de que la edad media de los fallecidos sea de 81 años (la mayor parte del sexo masculino), presentando, en dos tercios de los casos, tres o más patologías preexistentes, de acuerdo con los datos suministrados por el Instituto Superior de Sanidad de Italia 11.
Consecuencias económicas “de proporciones bíblicas”,  perceptibles a simple vista
Veamos ahora otro aspecto del tema. Es decir, las consecuencias económicas provenientes de las drásticas medidas de confinamiento “horizontal” de la población (que están siendo adoptadas en un corto período de tiempo por las autoridades nacionales y regionales italianas para contener la epidemia) y la saturación de las unidades de tratamientos intensivos.
Según el Instituto Italiano de Estadísticas, fueron suspendidas las actividades de 2,2 millones de empresas, equivalentes al 49% del total. Esto provocó una caída del 34% en la producción y del 27% en el valor agregado. El número total de empleados impedidos de trabajar fue de 7,4 millones (44,3% de la fuerza laboral total), de los cuales 4,9 millones eran simples asalariados (42%)12.
Esa brusca paralización de las actividades económicas provocará "una tragedia de proporciones bíblicas", prevé Mario Draghi, ex-presidente del Banco Central Europeo en un artículo en el diario Financial Times. La mayor crisis de la economía real en los últimos cien años. Según el banco de inversiones Goldman Sachs, el PIB italiano caerá 11,6% en el 202013. Según, Gustavo Boni, funcionario europeo la contracción del PIB italiano estará entre el 12,5 y el 15%; en el 85% la caída del stock bruto de capital fijo y en el 38% la de la renta interna del empleo; la deuda pública subirá al 160% del PIB, el mismo nivel al que había llegado Grecia cuando fue rescatada por la UE14.
Todo eso sumado significa que, después de la suspensión del confinamiento, millones de trabajadores italianos corren el riesgo de encontrar a sus empresas con los portones cerrados; y miles de artesanos y comerciantes podrían entrar en el registro  de desempleo o de quiebra. Tan sólo en el área del turismo (13% del PIB italiano), diario económico Sole24 calcula casi un millón de empleos en riesgo”.15
Maurizio Gardini, presidente de Confcooperative, una de las principales asociaciones de cooperativas peninsulares, declara que probablemente Italia saldrá del confinamiento de la población dejando por lo menos a un 20% de las empresas medias y pequeñas en la lona, a cerca de un millón con consecuencias indescriptibles en términos de rentas, empleo y paz social.16 Un estudio del organismo italiano de estadísticas (ISTAT) afirma que el lockdown de las actividades productivas provocará “el desmoronamiento de la confianza de los consumidores y de las empresas”.17
Italia no es un caso aislado. Las autoridades de la vecina Francia adoptaron medidas de confinamiento análogas, con fundamento en proyecciones de contagio y muertes, asimismo alarmante, con consecuencias similares. De acuerdo con el INSEE (el instituto francés de estadísticas), la actividad económica cayó un 36%, siendo que en el sector privado la caída fue aún mayor (42%). De hecho, 6,9 millones de asalariados del sector privado están en sus casas recibiendo la ayuda de desempleo parcial y el consumo de las familias cayó el 35%.18 El economista e historiador Nicolás Baverez afirmó, en su columna semanal del diario Le Figaro, que “dos meses de confinamiento dejarán a Francia con una caída del 10% de su PIB, un déficit del 12 al 15% y una deuda pública de más del 120% del PIB. Miles de empresas irán a la quiebra, en particular las pequeñas, y muchos de los 8,7 millones de desempleados parciales no volverán a encontrar sus empleos, lo que causará el crecimiento de la pobreza”.19 (En realidad, el Ministro de Trabajo anunció que 9.6 millones de trabajadores del sector privado están actualmente “protegidos” por el desempleo parcial, lo cual representa casi la mitad de los empleados).20
Según el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, el país va a conocer en el 2020 su mayor recesión desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.21 Y el primer ministro Edouard Philippe declaró  ante la Asamblea Nacional que el impacto económico relacionado con el coronavirus será “masivo” y “brutal”, provocando  “un choque económico que todos imaginan, pero cuyo impacto total aún nadie conoce”.22
Si esas son las previsiones para dos países cuyas economías están entre las más desarrolladas del mundo, se puede imaginar cuál será el impacto del bloqueo de las actividades económicas por causa del  SARS-CoV-2 en el resto del mundo.

El devastador impacto social del "gran confinamiento": la pandemia de la pobreza extrema

La directora general del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, declaró el día 9 de abril que serán “las peores consecuencias económicas desde la Gran Depresión” de 1929, provocando una disminución de la renta por habitante en más de 179 países. La alta funcionaria agregó que los países pobres o emergentes de África, Asia y América Latina “son de alto riesgo”, tanto más que los capitales están migrando en un ritmo tres veces superior al de la crisis financiera del 2008, lo que provocará problemas de liquidez y solvencia.23
Tan solo cinco días después, el FMI divulgó sus previsiones  acerca de lo que llamó “el gran confinamiento”: una disminución del 3% del PIB mundial en el 2020, siendo que los más afectados serán los países europeos (-7,5%) y los Estados Unidos (-6,5%). No está excluida la eventualidad de una caída aún más brutal en el 2021. El efecto social será grave, pudiendo provocar un aumento del desempleo en el orden del 40% en la zona del euro (llegando al 9,2%) y triplicándose en los Estados Unidos alcanzando el 10,4% de sus activos.24
“Los trabajadores y las empresas están frente a una catástrofe”, declaró el director-general de la Organización Internacional del Trabajo, Guy Ridder. De hecho, la OIT divulgó un informe el 7 de abril en el cual afirma que “la pandemia está teniendo un efecto  global catastrófico en las horas de trabajo y en las  ganancias”. Se calcula que la crisis “eliminará globalmente el 6,7% de las horas de trabajo en el segundo semestre del 2020 – porcentaje equivalente a 195 millones de trabajadores con jornada completa”.
Se prevén pérdidas inmensas en todos los niveles de ingresos, pero especialmente en los países con ingresos más altos (7% de pérdidas equivalentes a 100 millones de trabajadores con jornada máxima), lo que es muy superior a los efectos de la crisis financiera del 2008. Los sectores más afectados serán los de hotelería, restauración, manufactura, venta al minorista, actividades administrativas y servicios. El informe de la OIT afirma que existe un gran riesgo de que la cifra final sea muy superior a la proyección inicial de 25 millones de desempleados.25
Ese cálculo de 25 millones fue con seguridad extremadamente optimista, pues tan solo en aquel continente un estudio de la Unión Africana indicó la cifra de 20 millones de empleos suprimidos y una escalada del endeudamiento.26 En lo que dice respecto a los Estados Unidos, pasó de un empleo casi total en febrero “a un desempleo masivo que debería alcanzar el 20% en el mes de abril. En menos de un mes, desaparecieron 22 millones de empleos”, afirma el corresponsal del Figaro en Washington.27
El resultado global será un aumento exponencial de la pobreza extrema. “No veo equivalente histórico a la amenaza que el Covid-19 representa para las poblaciones más vulnerables”, declaró Robin Guittard, responsable de la Oxfam en Francia.28 En un estudio divulgado el día 8 de abril, investigadores del King’s College de Londres y de la Universidad Nacional da Australia prevén que la pandemia podría hacer caer en la extrema pobreza a medio billón de habitantes del planeta, aniquilando los progresos hechos en las últimas tres décadas.29

El aumento de muertes por hambre en los países pobres será mucho mayor que el de las víctimas del Covid-19

Las consecuencias de ese aumento exponencial de la miseria serán desastrosas para la salud de las poblaciones empobrecidas. Incluso la Organización Mundial de la Salud, la mayor promotora de medidas estrictas de confinamiento de la población, reconoce que existe una estrecha relación entre la extrema pobreza y las malas condiciones de salud. En un estudio publicado en conjunto con la OCDE, la OMS reconoce lo obvio, es decir, que “los pobres tienen peor salud y mueren más jóvenes. Ellos tienen un promedio de mortalidad infantil y materna superior al promedio, índices mayores de enfermedades y acceso más limitado a los servicios de salud y a la protección social”.30
De ese conjunto de factores resulta que en estos primeros meses del 2020 ya murieron de hambre más de 3,42 millones de personas, un promedio diario de 30.800 fallecidos. Es decir, casi cinco veces más que el número de fallecidos por el Covid-19 el 5 de abril, día que registró el mayor índice mundial de casos fatales (6.367 víctimas).
El Programa Mundial de Alimentos prevé que la pérdida de los ingresos por turismo, la disminución de los envíos, de los viajes y otras restricciones relacionadas con la pandemia del coronavirus duplique el número de pobres que sufren de hambre aguda, o sea, que a los 135 millones ya existentes en esa categoría se agreguen otros 130 millones: “El Covid-19 es potencialmente catastrófico para millones de personas que ya están pendiendo de un hilo”, dijo Arif Husain, economista-jefe y director de investigación, evaluación y monitoreo del PMA.31 David Beasly, Director Ejecutivo del PMA, en una entrevista a The Guardian, exclamó: “¡Dios mío! esta es una tempestad perfecta. Estamos asistiendo a una expansión del hambre en proporciones bíblicas”.32
Estadísticamente, ese aumento del hambre aguda, que resulta del colapso económico provocado por las medidas de confinamiento, podría ser responsable por 30 mil muertes diarias adicionales. Una parte ponderable de esas muertes habría sido probablemente evitada si, en lugar de oír a los  ayatolás de la OMS y a las tubas de los medios de comunicación, las autoridades hubieran escuchado la opinión de otros especialistas que sugerían medidas de confinamiento “vertical” o “inteligente”, es decir, la protección de la población de riesgo (es decir, las personas de edad avanzada y los portadores de enfermedades graves) y el confinamiento de los contaminados por el virus, después de la realización de miles de testes.33
No se trata de una alternativa irrealista, ya que ese plan fue llevado a cabo con gran éxito en Taiwan, Corea del Sur, Singapur, Canadá, Georgia e Islandia.34 En los tres primeros países asiáticos mencionados y en Japón la suspensión del trabajo afectó apenas al 10% de la población activa35. Hasta ahora la eficacia de esa estrategia quedó ampliamente demostrada: el total de muertos en esos cuatro países, con una población conjunta de 257,4 millones de habitantes, apenas llega al día de hoy a 489, lo que corresponde a una mortalidad de 1,9 víctimas por cada millón, mientras que en Italia, a pesar del confinamiento “horizontal”, se llegó a la cifra de 391,32 víctimas por millón (23.660 fallecidos), es decir, ¡205 veces más!
El Consejo Editorial del Wall Street Journal planteó bien la cuestión en su edición del 19 de marzo, tres días después de la divulgación de las proyecciones fantasiosas del Imperial College e incluso antes del informe de la Universidad de Oxford. Su editorial se titulaba “Repensando el confinamiento por el coronavirus – Ninguna sociedad puede preservar la salud pública durante mucho tiempo a costa de la salud económica”.36
Es una lástima que ese artículo o los cálculos anteriormente mencionados no hayan sido mostrados a los gobernantes que, impulsados por la buena intención de salvar vidas y aconsejados por los directivos de la OMS y los investigadores del Imperial College, decidieron paralizar las actividades económicas no esenciales de sus países. El impacto de esa paralización será tanto más agudo por cuanto, “el aislamiento, aunque de manera intermitente, debe perpetuarse hasta el 2022 en varias partes del mundo, caso no surja una vacuna", según la revista Isto é, que cita “un estudio de la Universidad de Harvard, publicado en la revista Science”.37

En nombre de las “medidas preventivas de distanciamientola OMS sacrifica a los niños de los países pobres

En esa decisión precipitada de confinar a todos en sus casas existe aún otro dato extremadamente chocante.
El 26 de marzo la OMS publicó un documento titulado “Principios rectores para las actividades de inmunización durante la pandemia del Covid-19”, en el cual se afirma que, tomando en consideración las medidas preventivas de distanciamiento físico, se recomienda suspender temporalmente la realización de campañas de vacunación en masa por causa del aumento del riesgo de promover la circulación [de personas] en la comunidad”.38
Siguiendo esa recomendación, la Iniciativa Global para la Erradicación del Polio suspendió su campaña de vacunación, a pesar de que sus asesores científicos calcularon que aumentaría el número de parálisis en niños y que algunos países libres de esa enfermedad volverían a contagiarse. Y la de la polio es tan solo una de las tantas vacunaciones suspendidas en África, de acuerdo con el diario El País de Madrid: “La periodista Leslie Roberts documenta en Science que millones de niños se han visto privados de sus vacunas de polio, sarampión, papiloma, fiebre amarilla, cólera y meningitis. Se habla de 14 millones, pero es una estimativa a la baja, seguramente muy a la baja”.39
Según el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta, 23 países ya suspendieron sus campañas contra el sarampión y otros 16 están pensando hacerlo, pese a que éste mata entre el 3% y el 6% de los infectados (muchas veces más que el coronavirus) y que la mayoría de sus víctimas son niños mal nutridos.
En aquello que El País  denomina “dilema del diablo”, las autoridades de la mayoría de los países ricos eligieron, volens nolens, salvar a las víctimas potenciales del Covid-19 (talvez por constituir la mayoría de los electores), sacrificando a los niños de los países pobres, que van a morir o quedar inválidos por causa de esa orientación irresponsable de la OMS.40
Tomando en consideración esos datos, ¿el lector está de acuerdo con nosotros en que el mundo contemporáneo – por causa de la irresponsabilidad de la OMS, de sus líderes políticos y de sus medios de comunicación, que crearon el pánico – se está suicidando por temor a morir de Covid-19? Eso es tan obvio que espontáneamente surge una pregunta: ¿Quién se beneficia con este suicidio colectivo de nuestra sociedad contemporánea?

Los cuatro principales beneficiarios de ese suicidio

Del punto de vista geopolítico, el gran beneficiado por la crisis generada por la epidemia que comenzó en Wuhan fue el propio régimen comunista de China. Pero en las sociedades occidentales, tres corrientes ideológicas – las cuales, por lo demás, se han mostrado las grandes propagandistas del confinamiento radical de la población- serán las mayores beneficiadas por la crisis: los ecologistas radicales, los promotores del gobierno mundial y la izquierda radical.
·         El Partido Comunista de China
A pesar de la inmensa responsabilidad de las autoridades comunistas por el brote aún no aclarado del virus SARS-CoV-2 y de su primera difusión en Wuhan y en toda la provincia de Hubei,41 el mayor beneficiario del mismo, tanto interna como externamente, sin duda alguna es el régimen comunista de Pequín. John Grey, profesor emérito de la London School of Economics, lo sintetiza en un artículo para NewStatesman: “Nadie conoce todos los costos humanos de la paralización china. Aún así, el régimen de Xi Jinping parece haberse beneficiado de la pandemia. El virus proporcionó una justificación para expandir el estado de vigilancia e introducir un control político aún más fuerte. En lugar de desperdiciar la crisis, Xi la está utilizando para expandir la influencia del país. China está insertándose en el lugar de la Unión Europea, ayudando a gobiernos nacionales en dificultades como el de Italia. Muchas de las máscaras y de los kits suministrados dieron pruebas de tener algún defecto, pero el hecho no parece haber afectado la campaña de propaganda de Pequín. […] El presidente servio Aleksandar Vucic fue más directo y realista: ‘No existe solidaridad europea, […] eso fue un cuento de hadas. El único país que puede ayudarnos en esta situación difícil es la República Popular de China. A las demás naciones, gracias por no haber hecho nada’”.42
Esa expansión de la influencia china –no únicamente diplomática sino también ideológica– es auspiciada por las corrientes de izquierda “bolivariana”, como lo atestigua la  brasileña Paola Estrada, de la Secretaría Internacional Operativa de los Movimientos Sociales Populares en América Latina: “Cada vez está quedando más evidente que, durante la pandemia, China comenzó a asumir un papel mucho más destacado que el que tenía anteriormente, tanto en el ámbito económico y comercial como en el aspecto político e ideológico. Todavía es difícil proyectar escenarios del desenlace de ese proceso, sin embargo es innegable que el gobierno chino ha sido aplaudido por todo el mundo por su capacidad, eficacia y velocidad en enfrentar el avance de la epidemia en China – garantizando las medidas de aislamiento social, construyendo hospitales, fabricando tests e insumos hospitalarios, calificando profesionales e invirtiendo en ciencia y tecnología. […] En tiempos de pandemia, durante los cuales tenemos que lidiar con tantos cambios, incertidumbres, tristezas y ataques de la derecha y del imperialismo, el ejemplo del pueblo venezolano, del pueblo cubano y del pueblo chino, llenan nuestros corazones con la esperanza de que otro mundo es posible”.43
·  Los ecologistas
Inmediatamente después de la adopción de las medidas de confinamiento por parte de los gobiernos, los ecologistas proclamaron a los cuatro vientos que estaba probado que, frente a una amenaza global, era posible imponer medidas drásticas que afectasen la vida diaria de las poblaciones.44 Ellos señalan que, una vez terminada la crisis sanitaria, sería incongruente no declarar la “urgencia climática” e imponer medidas igualmente drásticas para disminuir la producción de CO2.45
En España, cinco asociaciones (Amigos de la Tierra, Greenpeace, Ecologistas en Acción, SEO/BirdLife y World Wildlife Fund-WWF) se dirigieron a la Comisión Europea y al gobierno español solicitando que los paquetes de medidas públicas para reactivar la economía sean empleados para “acelerar el paso a una economía descarbonizada y verde”. La distribución de fondos debería penalizar “aquellas actividades más insostenibles” y estar  condicionada a un compromiso “para detener la pérdida de biodiversidad” y  “parar la descarbonización”.46
Más aún, por iniciativa del diputado europeo Pascal Confin, se formó la “Alianza Europea para una Recuperación Verde”, la cual incluye 180 líderes europeos (79 eurodiputados de 17 países, 37 directores generales de multinacionales, 28 asociaciones empresariales y siete ONGs, además de grupos de especialistas). Su finalidad es promover una salida “verde” a la crisis económica provocada por el coronavirus y “desencadenar un nuevo modelo económico europeo”. Según la Alianza, el “núcleo de la estrategia económica” debe ser “la lucha contra el cambio climático” y las “inversiones masivas” a ser hechas para salvar la economía "tendrán que alinearse" a los “principios ecológicos”. La Alianza apoya la carta enviada a Bruselas por 13 ministros de Medio Ambiente y Clima de la Unión Europea pidiendo que la medidas que marquen la recuperación económica se hagan en base al Plan presentado el pasado diciembre por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.47
·  Los “globalistas”
Inmediatamente después que los países europeos dieron inicio al cierre de  sus fronteras y a la adopción de medidas proteccionistas disputando las máscaras y los testes de pésima calidad enviados “generosamente” por China, los promotores de la “sociedad abierta” comenzaron a proclamar que la única solución para la pandemia sería una respuesta coordinada y global.
Bill Gates publicó en varios diarios un artículo titulado “Una estrategia mundial contra el Covid-19”, diciendo que, aunque los gobiernos hayan dado respuestas nacionales, sus líderes deben reconocer que, mientras el virus esté presente en algún lugar, “será un problema para todo el mundo”. Agregó que “necesitamos una estrategia mundial” para que los recursos financieros y médicos (máscaras, testes, etc.) sean distribuidos con eficacia y los países se comprometan a seguir las directrices da OMS.48
Antonio Gutiérrez, ex-presidente de la Internacional Socialista y actual secretario-general de la ONU, presentó un informe especial titulado “"Responsabilidad compartida, solidaridad global: respondiendo al impacto socio-económico del Covid-19"”, en el cual pidió que por lo menos el 10% del PIB mundial se consagrara a un fondo de solidaridad destinado a resolver la crisis.49
El último nudo en el paquete fue hecho por Gordon Brown, ex-Primer Ministro laborista inglés, sugiriendo ni más ni menos una forma  temporaria de gobierno global para enfrentar las crisis gemelas (la médica y económica): “No bastan las buenas palabras. Necesitamos un G20 con poderes ejecutivos que pase a la acción”, afirmó el político, que hoy es un enviado especial de la ONU para la educación global.50 En una entrevista a El País, él reafirmó: “Necesitamos una [reunión de] cúpula de compromisos para dotar a la emergencia sanitaria de los fondos necesarios. […] Y en segundo lugar, de un Executive Task Force [equipo con poderes ejecutivos] en el G20, porque las buenas intenciones ya no son suficientes. Necesitamos pasar a la acción en los próximos días y hacerlo de un modo coordinado. Es necesario un órgano ejecutivo que brinde respuesta al problema que tú [el periodista] menciona sobre [las críticas] a las instituciones internacionales. […] Es necesario un liderazgo político compartido”. Según Brown, en la fase actual de esfuerzos para preservar los empleos puede ser suficiente una respuesta nacional, pero en la etapa siguiente “necesitaremos coordinación fiscal, coordinación monetaria y colaboración entre los distintos bancos centrales. Y no hablo únicamente de un modelo como el de la UE. Me refiero al ámbito global. […] En la fase de crecimiento necesitaremos realizar un esfuerzo coordinado de estímulo fiscal en todo el mundo”.51
A nivel latinoamericano, el llamado Grupo de Puebla –integrado por presidentes y ex-presidentes (Lula da Silva, Dilma, etc.), líderes políticos, académicos y sindicalistas de orientación socialista –publicó una comunicado declarando que a actual crisis “no tiene otra solución sino la de la integración de América Latina y del Caribe, y la cooperación a nivel mundial”, en la cual la OMS “debe tener un papel aún más preponderante que hoy”. El documento invita a “gobiernos, organizaciones y pueblos del mundo a una reflexión serena, cuando haya terminado la pandemia, sobre un Nuevo Modelo de Desarrollo, que coloque en primer lugar valores hasta entonces desconocidos, como, medio ambiente, inclusión social, reducción de la desigualdad, seguridad alimentaria, desarme militar, multilateralismo y progresividad fiscal”.52
·  La izquierda radical
La izquierda radical está al acecho para surfear la ola. En un artículo publicado en Intercept, la escritora y activista Naomi Klein explicó que en las últimas décadas aprendió que “durante los momentos de cambio cataclísmico lo que previamente era impensable súbitamente pasa a ser realidad”.53
En ese sentido, el filósofo esloveno Slavoj Zizek sustentó que “el coronavirus nos obligará a reinventar un comunismo fundamentado en la confianza en la gente y en la ciencia”. No se trataría del comunismo de otrora sino “de algún tipo de organización global que pueda controlar y regular la economía, como así también limitar la soberanía de los Estados-Nación”. El filósofo italiano Franco Berardi Bifo no se quedó atrás: “¿Hay alguien a quien esta lógica no le agrada porque recuerda al comunismo? Pues bien, si no existen palabras más modernas, seguiremos utilizando esa misma, de hecho antigua pero siempre muy bella”.54
Actuando con toda coherencia, la izquierda radical está proponiendo nuevamente la nacionalización de compañías eléctricas y de telecomunicaciones, de hospitales privados, hoteles, etc., como lo declaró con desenvoltura Pablo Iglesias, líder del Partido Podemos y vice-presidente del actual gobierno español de coalición, durante una reunión de su gabinete de crisis.55
Más grave aún es el hecho de que haya propuestas hasta ahora clásicas de los programas de la izquierda alternativa -como la de un “salario básico universal” – que hoy son retomadas por representantes del establishment. Es importante señalar que el salario universal propuesto no se limita a una ayuda temporal a los trabajadores desempleados por causa de una crisis económica o financiera, lo que todas las personas sensatas consideran necesario, en un horizonte que abarca desde un analista del Acton Institute56 hasta el secretario de la Conferencia Episcopal Española.57 Ni tampoco corresponde a la escena imaginada por Milton Friedman del dinero distribuido desde helicópteros para resolver problemas temporales de liquidez en la economía.58  Se trata, en realidad, de un salario mínimo permanentemente distribuido a toda la población, cada uno pudiendo elegir si quiere o no trabajar, de acuerdo con sus aspiraciones individuales, lo que supuestamente garantizaría su total “emancipación”.
El salario universal era la "medida-estrella" del programa de Benoît Hamon, el malogrado candidato del Partido Socialista francés a la presidencia. Él aprovechó la epidemia, por lo demás, para volver a lanzar su propuesta, aduciendo que “el salario universal de existencia es una herramienta incomparable de emancipación. […] Al liberar a cada uno de una dependencia exclusiva del salario que gana en el empleo, el salario universal da a cada individuo la capacidad de negociación y de elección. […] La emancipación social pasa por esta práctica individual de la libertad. […] La crisis dará a luz un nuevo mundo”.59
En una carta abierta publicada en el diario londinense The Independent, nada menos que 500 académicos y líderes políticos, principalmente del Reino Unido y de los Estados Unidos, pidieron la implementación de ese salario universal, afirmando que “sin una intervención gubernamental” – para nosotros, un remedio peor que la enfermedad (**) –, la economía caerá “en  Depresión”. Por lo tanto “un salario básico incondicional debe jugar un papel central en la respuesta de emergencia a esta crisis”.60
El “socialismo de guerra” preconizado por esos académicos y líderes a través de la creación de una enorme masa de liquidez financiera creada ex nihil para adquirir deudas públicas y públicas, aumentando los déficits y deudas públicas, mereció la lúcida crítica del analista financiero Maurizio Milano: “La experiencia histórica nos enseña, sin embargo, que las ‘emergencias’ son el caldo de cultivo ideal para que crezca la invasión de los países, atrayendo sociedades sin responsabilidad y frágiles, en perjuicio de la libertad, la seguridad y el bienestar general”.61
Al unirse a esa carta abierta, Beppe Grillo, el ex-cómico fundador del Movimiento Cinco Estrellas en Italia declaró respecto al salario universal: “La emergencia que estamos viviendo podría favorecer un cambio histórico revolucionario, que siempre fue considerado por muchos con superficialidad, como una locura, pero que podría lograr un cambio para mejor nuestro futuro”.62

Un “nuevo mundo”: ¡por la ley… o por la fuerza!

Algunos impacientes quieren precipitar este cambio revolucionario por la vía violenta. En un artículo publicado en el diario L’Opinion, el diputado Guillaume Larrivée, del partido Les Républicains (centro-derecha, del ex-presidente Sarkozy), especula que en Francia “la brutalidad del estallido económico y financiero alimentaría una rebelión social, basada en un terreno fértil de preocupaciones y reivindicaciones ya muy vivas (como lo demostraron los ‘chalecos amarillos’ y la contestación a la reforma de las jubilaciones), reavivando las heridas de la lucha de clases y de generaciones, como así también las fracturas territoriales del ‘archipiélago francés’, hasta encender los braseros del motín”. Y el parlamentario francés concluye destacando en negrita: “Yo lo escribo sin exageración: Francia estaría, entonces, en marcha rumbo a la guerra civil”.63
Esa previsión pesimista del diputado francés fue confirmada por un informe del Servicio Central de Inteligencia Territorial (lo equivalente en Francia al FBI), en el cual se alerta sobre el riesgo de un incendio de la rebelión social al final del lockdown:El confinamiento impide que el descontento popular se exprese, pero la cólera no disminuye y la gestión de la crisis, muy criticada, alimenta la contestación”, dice el informe. Los agentes temen la creación de “comités de lucha” en los inmuebles de las periferias urbanas y el favorecimiento de la “transversalidad de las luchas”, propiciado por los sectores de la extrema izquierda.64
En realidad los disturbios ya comenzaron: “Le Havre, Évreux, Bordeaux, Villiers-sur-Marne, Mantes-la-Jolie, Chanteloup-les-Vignes, Villeneuve-la-Garenne, La Courneuve, Trappes, Grigny… Es la lista no exhaustiva de los episodios de violencia urbana registrados entre el 12 y el 19 de abril” –informa Le Figaro. “Las emboscadas son metódicamente preparadas, con almacenamiento de proyectivos, lanza proyectiles y barricadas para hacer ‘ruido’ en las redes sociales. Ellos observan como reacciona la policía y el personal movilizado. El objetivo es claro: afirmar que ese territorio es de ellos y que lo controlan, explica al diario un veterano policía de un “sector sensible”. Para la policía existe una sola certeza: al menor incidente denunciado como un “abuso policial”, se roza el motín y se multiplican en las redes sociales los llamamientos a la represalia, asegura el diario parisiense.65
La situación podrá evolucionar rápidamente a partir de las primeras protestas de violencia controlable, como las de los “chalecos amarillos” del año pasado, a protestas masivas e incontrolables, como las ocurridas en Santiago, Valparaíso y otras ciudades chilenas, que forzaron al gobierno a ceder a las presiones de la izquierda e iniciar un proceso que podrá resultar en la adopción de una constitución de estilo “bolivariano”. Y se trata de un país que, hasta hace poco se enorgullecía de tener la mayor renta per capita de América Latina.
Una “ventana de oportunidad” transitoria que los articuladores del “mundo  nuevo” no quieren dejar pasar
Si ese escenario se agravara, los disturbios servirán de argumento para acelerar los programas de socialización de la economía por vía legal. En todo caso, las tres corrientes anteriormente mencionadas – la de los verdes, la de los globalistas y la de la ultraizquierda– son unánimes en afirmar perentoriamente que “nada volverá a ser como antes”.
¿Dónde se origina tanta seguridad por parte de las corrientes ideológicas hasta ahora electoralmente marginales? Tal vez del hecho de que están esperando superar las divergencias existentes entre ellas pero, ante todo, de que cuentan con dos factores que les abren de par en par una inesperada “ventana de de[JAM1]  oportunidad”: el miedo del avance o eventual reanudación de la pandemia y el respaldo moral que el Papa Francisco está dando a sus agendas.
El pánico alimentado por la OMS, los gobiernos, los medios de comunicación y las autoridades religiosas
En una conferencia divulgada por Internet el historiador Roberto de Mattei recordó que el contagio, además de físico, puede ser un fenómeno psicológico
y recordó la figura de  Gustave Le Bon, autor del libro A Psicologia das massas (La Psicología de las masas): “La moderna teoría del contagio social, inspirada en Le Bon, explica como, protegido en el anonimato de la masa, hasta el individuo más pacífico pude volverse agresivo, actuando por imitación o sugestión. El pánico es uno de aquellos sentimientos transmitidos por contagio social, como ocurrió durante la Revolución Francesa en el período llamado ‘Grand Peur’ – gran miedo”.66
Quien parece haber comprendido muy bien el uso del pánico como arma para promover una agenda política -como la de echar los fundamentos para un gobierno mundial- fue Jacques Attali, consejero de todos los presidentes franceses de izquierda y de derecha, desde Mitterrand a Macron. En un artículo en el semanario L’Express del 3 de mayo del 2009, inmediatamente después de las primeras alarmas provocadas por el virus H1N1, él escribió: “La Historia nos enseña que la humanidad no evoluciona significativamente a no ser cuando verdaderamente tiene miedo: ella implanta mecanismos de defensa, a veces intolerables (bueyes  expiatorios y totalitarismos); a veces útiles (distracciones) a veces eficaces (terapias, dejando de lado, si fuera necesario, todos los principios morales anteriores). Después, al pasar la crisis, transforma esos mecanismos para compatibilizarlos con la libertad individual e insertarlos en una política sanitaria democrática. La pandemia que está comenzando podría dar impulso a uno de esos miedos estructurales”.
El “gurú” del palacio del Elíseo imaginaba varios escenarios para la epidemia y agregaba que podrían servir, mejor que cualquier “discurso humanitario y ecológico”, para “hacer tomar conciencia de la necesidad de un altruismo, al menos egoísta”. Y que, en cualquier hipótesis, sería necesario, “implantar una policía mundial, stocks mundiales y por lo tanto una fiscalización mundial. Se llegaría así, mucho más rápido de lo que permitiría la mera conveniencia económica, a colocar la bases de un verdadero gobierno mundial”. Y concluía: “Fue por el hospital, por lo demás, que en la Francia del siglo XVII comenzó la implementación de un verdadero Estado”.67
En el momento no existen datos que permitan afirmar perentoriamente que ese sea el plan que está siendo puesto en marcha. Pero una cosa es cierta: varios factores contribuyeron a sembrar el pánico y, voluntaria o involuntariamente, las organizaciones internacionales y nacionales encargadas de la salud pública se prestaron a su ampliación.
Como explicó el Dr. Iahn Gonsenhauser, responsable por la seguridad de los pacientes en el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, “nosotros difundimos por el mundo la palabra ‘pandemia’ –eso aterroriza a las personas”, porque despierta en la imaginación la peste bubónica o el Ébola, “juzgando que no tiene cura alguna y que es mortal”, aún cuando la palabra pandemia “no indique necesariamente la misma virulencia o letalidad”. Sin embargo, “las personas juzgan que la tiene, como en la película Outbreak”.
Es una película que describe una catástrofe, entrelazando el drama y el suspense, presentada en el año 1995 y dirigida por Wolfgang Petersen. Presenta la historia de un nuevo virus, mantenido en secreto durante años, por el gobierno norteamericano para ser utilizado como un arma biológica.
Otro factor que contribuyó a aumentar el pánico es que su difusión en el hemisferio Norte ocurrió hacia el fin del invierno; y, como los primeros síntomas del Covid-19 son similares a los de de una gripe estacional, mucha gente afectada por esta última se inclinaba a pensar que había contraído el coronavirus, agregó el médico.68
Entrevistado por el cotidiano belga L’Echo, el filósofo agnóstico francés André Comte-Sponville adujo otros motivos dignos de mención e hizo una pregunta: “La gripe de 1968 – ‘gripe de Honk Kong’ – provocó un millón de muertos, en medio de una indiferencia casi general. ¿Por qué, cincuenta años después, nuestras sociedades reaccionan de una manera totalmente diferente frente a la amenaza del coronavirus? La gripe, llamada asiática en 1957-1958, había hecho más [muertos], y todo el mundo la olvidó. ¿Por qué esa diferencia de abordaje? Yo veo tres razones principales. En primer lugar, la globalización en su aspecto mediático: ahora estamos informados en tiempo real acerca de todo lo que ocurre en el mundo. Por ejemplo, todos los días nos informan acerca del número de muertos en China o en los Estados Unidos, Italia o Bélgica. Después, la novedad y el ‘viés cognitivo’ que acarrea: el Covid-19 es una enfermedad nueva, y por esa razón inquieta y sorprende aún más. Finalmente, el tomar distancia de la muerte, que la hace aún más inaceptable cuando nos es recordada”.69
Esos factores psicológicos que favorecen la propensión al miedo fueron fomentados por los medios de comunicación. Con el pretexto de mover a la población a observar los comportamientos preventivos sugeridos por las autoridades contribuyó a crear el pánico a través de incesantes reportajes de tono apocalíptico.
Un ejemplo característico de esa tendencia a la exageración fue el reportaje de la BBC, del 4 de abril, titulado “Coronavirus: [Niña] de 5 años entre las últimas víctimas en el Reino Unido”, con datos cotidianos suministrados por el Ministerio de Salud, pero destacando en el título algo que podría decirse en tan sólo una línea del reportaje, portador de las más variadas informaciones. El carácter alarmista del título es aún reforzado por el hecho de que el artículo reconocía que el niño sufría “condiciones patológicas subyacentes”.70
Renaud Girard, editorialista de Le Figaro, denunció el carácter retorcido de ese noticiero: “Objetivamente, el artículo de la BBC alimenta inconscientemente la psicosis colectiva, difundiendo un mensaje subliminal: ¡los niños también mueren! [de coronavirus]. Ahora bien, la realidad estadística dice exactamente lo contrario: el virus es casi inofensivo para los niños. Más tarde los sociólogos deberán analizar con todo cuidado el papel que desempeñaron los medios de comunicación en la emergencia de una psicosis mundial frente a una enfermedad letal”.71
Otro grupo social que contribuyó a causar el pánico fue el de las autoridades religiosas, en particular el de la jerarquía católica, que muchas veces se adelantó a las autoridades o fue más allá que ella en la aplicación de las medidas restrictivas. El peor ejemplo entre todos fue el del Vicario de Roma -centro del Catolicismo-, Monseñor De Donatis,  quien, después de consultar al Papa Francisco, ordenó que se cerraran todas las iglesias: “El acceso a las iglesias parroquiales y no parroquiales de la Diócesis de Roma abiertas al público y los edificios de culto de cualquier clase abiertos al  público, quedan cerrados a todos los fieles” –decretó el cardenal Angelo De Donatis,72 viéndose obligado a dar marcha atrás dos días después frente a la indignación de los fieles. La privación de los sacramentos y de la consolación espiritual suministrada por la oración en el ambiente interno de una iglesia no podía sino aumentar la angustia frente a la epidemia e, indirectamente, inducir al pánico.
Consciente de ello, el Obispo de Bellay-Ars, Mons. Pascal Roland, rompió el unanimismo cuando el gobierno impuso las primeras restricciones y algunos Obispos franceses, yendo más lejos que las autoridades, prohibieron las Misas y la administración de los sacramentos. Monseñor Pascal publicó un   comunicado titulado “¿Epidemia de coronavirus o epidemia de miedo?”, en el cual afirma que “más que a la epidemia del coronavirus, debemos temer a la epidemia del miedo”; él se negaba a “ceder al pánico colectivo y a someterse al principio de precaución que parece motivar a las instituciones civiles”. Para el valiente prelado, “el pánico colectivo al cual asistimos hoy” revelaba nuestra “relación falsificada con la realidad de la muerte” y de los “efectos generadores de ansiedad por la pérdida de Dios”. Y se preguntaba: “¿Por qué concentrar súbitamente nuestra atención exclusivamente en el coronavirus? ¿Por qué olvidar que cada año la gripe estacional provoca en Francia entre 2 y 6 millones de enfermos y aproximadamente 8000 muertes?”. El Obispo concluía con una exhortación: “Entonces, ¡no cedamos a la epidemia del miedo! ¡No seamos muertos-vivos!”.73
Ese comunicado, que mirado retrospectivamente tiene características de realista y visionario, también fue víctima… del miedo (y de la presión mediática del “pensamiento único”), pues, posteriormente fue retirado del portal de Internet de la Diócesis.

El pánico condujo a la sumisión voluntaria de la población a la cuarentena impuesta por las autoridades

Contrariamente a lo que ocurrió en Brasil y en algunas regiones de los Estados Unidos, donde la población salió a las calles para protestar contra la cuarentena, lo que el pánico hasta ahora consiguió en Europa es una actitud sumisa de las poblaciones frente a las severas restricciones a la libertad de movimiento impuestas por las autoridades.
En un país habitualmente rebelde como Francia, el 96% de las personas consultadas aprobaron , al día siguiente de su anuncio, las medidas de confinamiento dictadas por el Presidente Emmanuel Macron, y ¡el 85% lamentó que no hubieran sido impuestas antes! Eso se verificó a pesar de que la población tiene perfecta conciencia respecto a los sacrificios financieros que constituyen una consecuencia del confinamiento.74 Lo mismo ocurrió en España, donde un sondeo solicitada por el diario El País75 reveló que tan solo el 21,9% piensan que “se debe flexibilizar el confinamiento para reactivar cuanto antes la economía, aún cuando ello suponga una mayor difusión del coronavirus”; y el 59,3% de los entrevistados sustentaron que “se debe mantener al máximo el confinamiento, aún cuando ello suponga un mayor deterioro económico y más desempleo”. Según ellos, un impacto en la economía será negativo y duradero a nivel mundial (61,1%); para España (69,7%); y para el mismo hogar de los consultados (31%).
Bajo el título “En los países ricos la salud continúa siendo la prioridad”, el diario Le Figaro informa que, “según un sondeo realizado por Kantar del 9 al 14 de abril en Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y los Estados Unidos, el 37% de la población perdió una parte de sus ingresos y al 16% se les redujeron por la mitad. Sin embargo, una amplia mayoría de los encuestados continúa aprobando las costosas medidas adoptadas para luchar contra el virus”.76
Más grave aún, el pánico favorece la aceptación previa, por parte de la población, del chantaje que está siendo propuesto para salir de la cuarentena: someterse al control estatal a través de aplicativos en los teléfonos celulares, que indicarán a las personas si estuvieron en contacto con alguien contaminado por el coronavirus.
Una encuesta realizada en Francia por un equipo de la Facultad de Economía de la Universidad de Oxford reveló que aproximadamente el 80% de las personas encuestadas (mil poseedores de celular) declararon que, sin duda alguna o probablemente, instalarían dicho aplicativo si fuera puesto a disposición. La mayoría incluso estaría de acuerdo en que las compañías telefónicas instalaran automáticamente el aplicativo en los celulares de sus clientes (dejando en abierto la posibilidad de desinstalarlo), y el 2/3 de los interrogados declararon que, probablemente o sin duda alguna, mantendrían el aplicativo instalado por el proveedor.
¡La aprobación de ese chantaje (libertad de movimientos con control) es de tal magnitud que hasta el 40% de los encuestados declararon que pasarían a tener una opinión más favorable al gobierno Macron si ese instrumento de vigilancia estatal fuera colocado a disposición de ellos! Los investigadores informan que esos resultados son ampliamente similares a los obtenidos en Alemania, el Reino Unido e Italia.77

El “Síndrome de Estocolmo” a escala planetaria. ¿Una infestación diabólica colectiva?

La vieja estrategia del garrote y la zanahoria está obteniendo resultados que hace algunos meses serían inimaginables, cambio resultante tan solo por causa del pánico inducido por el Covid-19 y por la sensación de seguridad causada por las promesas de los gobiernos de abrir el grifo del financiamiento público para garantizar rentas a los particulares y a la solvencia de las empresas. “Lo que se constata en este momento es el fortalecimiento del Estado como fuerza protectora de los ciudadanos”, sugiere la revista Isto é en el artículo ya citado, cuyo expresivo título es: “El nuevo orden mundial”: “El Estado vuelve a ser la gran fuerza protectora, el único capaz de crear un sistema sólido para dar seguridad al ciudadano, garantizando la salud, la educación y el incentivo a la investigación científica”.78
La ingenuidad llega al punto que las personas aceptan con apatía una versión que las autoridades comunistas de China presentan como siendo un modelo de éxito del control de una pandemia resultante de sus propias actitudes irresponsables o incluso criminales. Por ejemplo, nadie reaccionó cuando el boletín UN News, editado por la misma ONU, difundió esta noticia en su edición del 16 de marzo: China muestra que el coronavirus Covid-19 puede ser detenido”. Y transcribe lo que afirmó el representante de la OMS en aquel país: “Esta lección de contención es una lección que otros países pueden aprender y adaptar a sus propias circunstancias”.79 Ahora bien, todo el mundo sabe que en China la población está sometida a políticas oficiales de control social, por medio de programas de reconocimiento facial de la población, determinando premios y castigos.
¿Cómo puede entenderse que las masas de Occidente, hasta hace tres meses atrás embriagadas con los valores de la emancipación, la autonomía y el individualismo, acepten la perspectiva de un control al estilo chino de sus vidas, con la pasividad de corderos conducidos al matadero? Esto revela que fueron víctimas de un trasbordo ideológico sin precedentes en la Historia de la humanidad. Su reacción natural debería ser la del filósofo Conte-Sponville: “El confinamiento es la mayor restricción a la libertad que yo haya vivido; y tengo prisa, como todo el mundo, de salir del mismo. A largo plazo, ni se coloca la opción de sacrificar la libertad a la salud. ¡Prefiero infectarme con el Covid-19 en un país libre, que escapar del mismo en un Estado totalitario!”.80 Aquello que los ecologistas radicales, los partidos verdes y los manipuladores de Greta Thunberg solo lograron muy parcialmente (sobre la base de proyecciones apocalípticas de las consecuencias del publicitado calentamiento global supuestamente antropogénico), el pánico del coronavirus y las cantilenas protectoras de los gobiernos, “en estado de guerra” contra la pandemia, lo obtuvieron después de menos de dos meses de cuarentena de la población. Esa situación “hace que las personas experimenten una suerte de prisión domiciliar, aún no vivida en las sociedades contemporáneas”, como acertadamente dijo la revista Isto é del Brasil.81
Se trataría de una versión planetaria del Síndrome de Estocolmo, a causa del cual la víctima de un secuestro desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con su secuestrador.82 Lo comprueba la fluctuación espectacular de popularidad de los dirigentes europeos, a pesar de estar arruinando las respectivas economías con las imprudentes medidas de la cuarentena: Kurz, Austria (+33%), Conte, Italia (+27), Johnson, Reino Unido (+20%), Merkel, Alemania (+11%), Macron, Francia (+11%).83
Ante un resultado tan fulgurante, profundo y universal obtenido por esa manipulación psicológica de las masas, un observador católico se debe preguntar si ella no vino acompañada de una infestación preternatural colectiva. Una hipótesis análoga fue levantada con relación al comunismo chino y ruso en el libro  Presencia de Satanás en el mundo moderno, publicado por Mons. Léon Cristiani en 1959. Para el autor, China manifestaba síntomas de posesión diabólica, mientras que Rusia era víctima “apenas” de una infestación preternatural, pero Occidente también se encontraba bajo la influencia del Maligno.84 ¿No será el aumento de esa influencia uno de los factores de la actual pasividad de la opinión pública mundial frente a la perspectiva de una dictadura, primero sanitaria, después ecológica y socialista y finalmente atea?

Un estudio premonitorio de Plinio Corrêa de Oliveira sobre el trasbordo ideológico inadvertido

Sea cual fuera la preponderância del factor preternatural en esa pasividad, lo cierto es que la misma resultó en gran medida del miedo de las poblaciones, llevándolas a aceptar limitaciones que normalmente no aceptarían.
Quien mejor estudió esas manipulaciones de masas –no del punto de vista preternatural, sino psicológico e ideológico, sin duda fue Plinio Corrêa de Oliveira en el libro Trasbordo Ideológico Inadvertido y Diálogo, en el que analiza la estrategia comunista más reciente para conquistar a la opinión mundial (Catolicismo, octubre-noviembre de 1965, n° 178-179).85 Él describe el proceso por el cual es posible predisponer favorablemente y transformar en idiotas útiles, a personas refractarias a la prédica comunista explícita. Y el método consiste en actuar en las mentalidades de modo implícito, sin que los pacientes perciban que están sufriendo una acción psicológica.
Dos factores hacían especialmente vulnerable la mentalidad occidental (en aquella época): el miedo y la simpatía por el comunismo. Aparentemente contradictorios, sin embargo ambos actuaban simultáneamente como un binomio, predisponiendo inicialmente al paciente a una actitud de inercia frente al avance comunista, la cual se transformaría después en una expectativa favorable,  llegando, en su etapa final, a la transformación de la víctima en un adepto convicto.
Un proceso de trasbordo ideológico fue, por ejemplo, el que sufrieron algunos católicos latinoamericanos comprometidos con la Acción Católica de los años 50’, muchos de los cuales terminaron siendo adeptos de la Teología de la Liberación y después militantes de grupos de extrema izquierda adeptos de la violencia.
El Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, explica en su obra, que ese proceso tiene como presupuesto el encontrar una ocasión para causar una fuerte impresión. Por ejemplo, “una desgracia presente, como el hambre o la enfermedad”. Paralelamente es necesario encontrar un punto de apatía, simétrico al anterior.
 En el caso actual del coronavirus, vemos paradójicamente el hecho de que muchos consideran, como el valor supremo de la sociedad, la vida de las personas de edad avanzada, pero, hasta hace poco tiempo atrás, esos mismos abogaban por el derecho de los ancianos a la eutanasia. Hoy en día aún defienden un ablandamiento de las leyes para que las mujeres puedan abortar en casa o fuera del plazo. Otro ejemplo de apatía es “la insensibilidad ante el hecho de que, si contra el hambre o la enfermedad (aquí consideradas como males sociales) se debe hacer absolutamente todo cuanto sea posible, de ninguna manera se debe intentar lo imposible, lo utópico;  pues, en un plazo más o menos corto, esto sólo agravaría esos mismos males que se quieren erradicar”.
Con palabras proféticas, el autor advierte que las soluciones deben ser aplicadas  "con redoblada solicitud, para evitar que a la natural demora de la solución, se sume el censurable atraso ocasionado por nuestra desidia. Pero hay que renunciar muchas veces al deseo impaciente de resultados inmediatos. Ese deseo nos expone, en efecto, al riesgo de preferir, en vez de las soluciones auténticas, las panaceas violentas que preconiza la demagogia, eficaces sólo en apariencia.”
Tan actuales son estas consideraciones (publicadas en 1965), que ellas parecen haber sido escritas ayer respecto a la reacción excesiva frente al coronavirus…

El papel de las “palabras-talismánicas” y el método para exorcizarlas

Una vez lograda esa unilateralidad en el espíritu del paciente -continúa Plinio Corrêa de Oliveira- los agentes del proceso (de trasbordo inadvertido) deben elegir algunas “palabras-talismánicas” con un sentido legítimo, pero astutamente manipuladas por ellos para suscitar una constelación de emociones, simpatías y fobias, (en el paciente) fáciles de ser explotadas publicitariamente y que puedan ser fuertemente radicalizas.

Estas son algunas expresiones actualmente manipuladas de ese modo, dotadas de esa fuerte carga emocional y repetidas hasta el cansancio por los medios de comunicación: “responsabilidad compartida”, “solidaridad global”, “respuestas cooperativas”, “estrategia mundial”, “protección inclusiva”, “salario universal”, “conversión ecológica”, “Casa común”, “Patria grande”, y muchas otras que apuntan en el mismo sentido de promover una “solución” mundial.

Dominados por la fascinación de esas “palabras-talismanes”, los pacientes van “aceptando sin más, como ideales supremos y ardientemente profesados, los significados sucesivamente más radicales que ellas va asumiendo”. El ilustre autor ejemplifica con la palabra “diálogo”, ampliamente instrumentalizada en ese entonces por sectores del clero católico y de sectores políticos favorables a capitulaciones frente a los errores del comunismo. Con la misma estrategia,  hoy se trata de imponer la ecología radical, los planes de un gobierno mundial totalmente laico y un “otro mundo posible” de la izquierda radical.

¿Tendrá éxito la gigantesca operación de ingeniería social y trasbordo ideológico en curso? Si en la base del proceso descripto está el binomio miedo-simpatía, es imposible negar que el nivel de pánico frente a la propagación del SARS-Cov-2, como también el confort ilusorio y la simpatía -que las promesas de protección sanitaria y financiera del Estado encuentran en vastos sectores de la población- son propias a despertar esperanzas a los estrategas de la izquierda de poder llevar a millones de personas a aceptar un “mundo nuevo”, supuestamente menos frenético y egoísta, como también más solidario y próximo a la naturaleza, pero, por sobre todas las cosas, más controlado por el Gran Hermano ecológico-socialista.

Pero esa victoria no es inevitable y puede ser pinchada como un globo mientras está en curso. Para ello basta exorcizar las palabras “talismánicas”, explicitando analíticamente sus sentidos y perturbando de ese modo la fruición emocional de sus sentidos ilegítimos y la adhesión a los mismos. “Para ‘exorcizar’ la palabra-talismán e inutilizar su efecto mágico, antes que nada se debe descubrir, en la pluralidad de los sentidos que tiene, el mito que en ella se incuba”. Esto se hace comparando sus sentidos más aplaudidos y radiantes con su sentido inocente y trivial, para verificar “cuál es el contenido recóndito que trasparece en sus aplicaciones míticas y radicales”. Quien supiera explicitar y poner el mito al desnudo, “proporcionará a las víctimas del trasbordo ideológico inadvertido los medios para abrir los ojos a la acción que se ejerce sobre ellos, para darse cuenta de los rumbos a los cuales conduce y para defenderse contra ella”.

Una de las mayores dificultades con la que se enfrentarán quienes quisieran emprender esa labor esclarecedora y salvadora en el ámbito católico, es que -duele decirlo- el Papa Francisco y el Vaticano están sirviendo de “compañeros de viaje” a los promotores del trasbordo ideológico en curso.

El papel del factor religioso en el proceso de trasbordo ideológico rumbo al “mundo nuevo”

En el actual operativo de trasbordo ideológico tenemos, por una parte, el pánico del Covid 19 y, por otra, el factor "simpatía”, impregnado del anhelo romántico de salir del stress y del individualismo del mundo moderno, para volver a un mundo más “respetuoso de la naturaleza”, más “abierto” y “solidario”, en el cual los estándares de lujo “burgués” de las sociedades industrializadas cedan lugar a la simplicidad y a la frugalidad de las clases populares.

En una sociedad tan materialista y hedonista como la nuestra, dicho cambio, si fuera únicamente impulsado por el pánico, sería muy transitorio, como sustenta Jacques Attali en el texto arriba citado. Sin embargo, su resignación sería permanente y más profunda si el cambio no fuera tan solo concebido como una fatalidad, a la cual es necesario resignarse, sino como un perfeccionamiento espiritual.

Una minoría de la población –conformada por aquellos estratos de la burguesía media y alta más “modernos”, “progresistas”, que frecuentan los salones de la “izquierda caviar” – podrían encontrar esa motivación en las religiones orientales, en la práctica del yoga, del vegetarianismo, etc. Pero la mayoría sensata de la población necesita oír la voz de grandes líderes religiosos. En el mundo occidental, mayoritariamente católico, no hay mejor voz que la del Papa, la cual será tanto más evocativa si se presentara como un eco actualizado de San Francisco, el “Poverello de Assisi”.

Y este es el jugo al cual, lamentablemente, se está prestando el Papa Francisco, con sus reiterados llamamientos a favor de la ecología integral, de un nuevo modelo de globalización y de los “movimientos populares” como fermento de la sociedad futura.

Los llamamientos del Papa Francisco a la “conversión ecológica”

De hecho, desde los comienzos de la epidemia del SARS-CoV-2, el Papa Francisco no perdió ocasión de dar su apoyo a esas tres corrientes.

El domingo 22 de marzo el Pontífice de la Laudato Si’ concedió una vídeo-entrevista al periodista español Jordi Évole, en su programa de televisión del canal La Sexta. A la pregunta de si la crisis del coronavirus era “un ajuste de cuentas de la naturaleza”, él respondió que la naturaleza no perdona nunca y que “está dando patadas para que nos hagamos cargo de su cuidado”.86

Dos semanas después el Papa volvió a la carga. En una entrevista con su biógrafo Austen Ivereigh, publicada en The Tablet, elogió a los gobiernos que adoptaron medidas de confinamiento, “ejemplares”, según él. Al serle preguntado si la devastación económica provocada por la crisis era una oportunidad para una conversión ecológica, él volvió a repetir que la naturaleza “no perdona nunca”. Y agregó: “No respondemos a las catástrofes parciales. […] No sé si esas son venganzas de la naturaleza, pero ciertamente son respuestas de la naturaleza”. Más adelante agregó: “Tú me preguntas sobre conversión. Cada crisis contiene al mismo tiempo un peligro y una oportunidad: la oportunidad de salir del peligro. Hoy, creo que tenemos que disminuir nuestro ritmo de producción y consumo (Laudato Si’, 191) y aprender a entender y contemplar el mundo natural. Tenemos que volver a conectarnos con nuestro entorno real. Esta es una oportunidad para la conversión”.87

En la audiencia general del 22 de abril, Día Internacional de la Madre Tierra de la ONU, el Papa Francisco declaró: “Es necesario una conversión ecológica, comenzando por reconocer que no fuimos fieles a nuestra vocación de administradores y guardianes de la tierra, habiéndola contaminado, depredado, considerándola simplemente como un depósito de recursos a ser usufructuados, constituyendo un verdadero pecado contra el Creador”.

Francisco insistió en una solución global para los problemas ecológicos: “Impulsados también por la actual pandemia, que nos muestra que solamente unidos podremos enfrentar los desafíos globales, es necesario promover iniciativas tanto a nivel internacional como local”.88 También aprovechó la ocasión para hacer publicidad de los “varios movimentos internacionales y locales” que se formaron para “despertar las conciencias”, particularmente aquel que tiene como figura de proa a Greta Thunberg: “Será aún necesario que nuestros hijos bajen a las calles para enseñarnos aquello que es obvio”.

Haciéndose eco del Sínodo para la región amazónica agregó: “Al celebrar hoy la Jornada Mundial de la Tierra, somos llamados a reencontrar el sentido del respeto sagrado por la tierra, porque ella no es apenas nuestra casa, sino que también es casa de Dios. ¡De ahí brota en nosotros la conciencia de estar en una tierra sagrada!”.

Para concluir volvió a repetir además que el coronavirus es una respuesta de la naturaleza: “Pecamos contra la tierra, contra nuestro prójimo; y, en definitiva, contra el Creador, el Padre bueno, que provee a cada uno y quiere que vivamos juntos en comunión y prosperidad. ¿Y cómo reacciona la tierra? Hay un dicho español que es muy claro, etc.” Y repite lo que ya había dicho en la entrevista de la televisión española, concluyendo: “La tierra no perdona: si nosotros hemos deteriorado la tierra, la respuesta será muy mala”.89

Esa idea de venganza de la naturaleza ya había sido presentada por el sacerdote Benedict Mayaki, que publicó un artículo en Vatican News titulado “Coronavirus: El aliado improbable de la Tierra”, en el que afirma que "Nunca habíamos maltratado y ofendido nuestra casa común como en los últimos doscientos años” (n. 53), pero con la epidemia “está habiendo un beneficio no intencional: la Tierra está curándose a sí misma”, ya que “los cambios en el comportamiento humano, por causa de la pandemia del virus virus Covid-19, están trayendo beneficios no intencionales al planeta”.90 Por causa de las protestas indignadas de los lectores, el portal de la Oficina de Prensa del Vaticano retiró el artículo una hora después…

Sin embargo, el primero que consideró esa hipótesis (benéfica del virus), fue Leonardo Boff. En un artículo titulado “Coronavirus: ¿una represalia de Gaia, la Madre Teerra?”, afirmaba: “Estimo que las actuales enfermedades como el dengue, la chikungunya, el Virus Zika, el Sars, el virus del Ébola, el sarampión, o el actual coronavirus y la generalizada degradación de las relaciones humanas, marcadas por la profunda desigualdad/injusticia social y la falta de la mínima solidaridad, son una represalia de Gaia por las ofensas que ininterrumpidamente le inflingimos. No diría como J. Lovelock que es ‘la venganza de Gaia’, pues ella, como Gran Madre, no se venga, sino que nos da severas señales de que está enferma (tifones, derretimiento de los casquetes polares, sequías e inundaciones, etc.) y, estando al límite, como represalia por no haber aprendido la lección, nos envía las enfermedades referidas”.91

El Vaticano se alinea con los promotores del gobierno mundial

Con relación al apoyo del Vaticano a los planes de globalizar la respuesta a la crisis, es muy expresiva una declaración conjunta de la Academia Pontificia de Ciencias y de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, las cuales tienen como canciller a un Obispo argentino muy cercano al Papa Francisco, Mons. Marcelo Sánchez Sorondo. Publicada el día 20 de marzo ppdo., la declaración formula, ya en su comienzo, un llamamiento a dar pleno apoyo a la propaganda de organizaciones internacionales, tales como la OMS y la UNICEF, para que "sus informaciones con fundamento en evidencias [sic]  se imponga sobre la cacofonía de opiniones infundadas que difunden por todo el mundo.” Expresa después su preocupación por “el egoísmo y la miopía de las respuestas por parte de cada país”.
En una sección titulada “Dando forma a las interdependencias globales y ayuda a través y dentro de las naciones”, la misma declaración constata que la actual globalización hizo al mundo “inusitadamente interdependiente”, y por lo tanto “vulnerable” durante las crisis. Y agrega: “Buscar protección a través del aislacionismo sería erróneo y contraproducente", mientras que "una demanda de mayor cooperación global" merece apoyo, así como a las organizaciones transnacionales e internacionales. "Los problemas globales como las pandemias, o las crisis menos visibles del cambio climático y la pérdida de biodiversidad, requieren de respuestas cooperativas", dice el documento, insistiendo en que "las crisis globales requieren una acción colectiva" y que "la prevención y contención" de las pandemias es un bien público global (‘Laudato Si '), y su protección requiere una mayor coordinación global”.
Concluye el documento del Vaticano aseverando que, “En un momento en que el multilateralismo basado en normas está disminuyendo, la crisis de COVID-19 debería alentar los esfuerzos para hacer  nacer un nuevo modelo de globalización, en el sentido de diferente, destinado a la protección inclusiva de todos”, en una sociedad más responsable, más compartida, más igualitaria, más solidaria y más justa”, en caso de queramos sobrevivir.92
Bill Gates, Antonio Guterres y Gordon Brown, grandes promotores de un nuevo orden mundial bajo los auspicios de la ONU, no tendrían ninguna dificultad en firmar esta declaración de las dos Academias vaticanas, ¡que ni una sola vez incluye el nombre de Dios!
En el mismo sentido se pronuncia una declaración emitida por la Academia de Líderes Católicos – entidad nacida en Chile y presente en varios países de América Latina –, cuyo resumen fue publicada en el Osservatore Romano. 170 personalidades autoproclamadas “líderes católicos”, entre las cuales el filósofo italiano Rocco Butiglione y el uruguayo Guzmán Carriquiry, vice-presidente emérito de la Pontificia Comisión para América Latina,93 afirman en un tono bolivariano (el cual no habría desagradado a Hugo Chávez), que: “Si los problemas son comunes, se requiere pensar soluciones e iniciativas comunes. O morimos solos como naciones, o salimos adelante todas las naciones juntas, como miembros de la misma Patria Grande: Latinoamérica”. Y continúa: “Si elegimos el camino de los nacionalismos exacerbados, estaremos condenados a deslizarnos entre el caos, el populismo y el autoritarismo en nuestros países. Pero si elegimos el camino de la Patria Grande -precisamente cuando celebramos en la mayoría de nuestros países el Bicentenario de los procesos de independencia- será la oportunidad para refundar un nuevo pacto social, basado en la solidaridad y la fraternidad”. Repiten el "mantra" izquierdista del salario universal, aunque con una limitación en el tiempo: “Apoyamos la necesidad de una renta básica temporal que garantice vivir por encima de la línea de pobreza”. Y obviamente concluyen con el imperativo de que  “Todos los gobiernos de América Latina deben establecer un compromiso formal y riguroso con las instrucciones que emita la Organización Panamericana de la Salud durante la pandemia.”94

El Papa Francisco le confirma a la ultraizquierda: “Estoy a disposición para dar una mano”

El apoyo del Papa Francisco a los postulados de la izquierda radical, de la cual se transformó en el líder internacional indicustido,95 quedó en evidencia en las cartas que él escribió a Luca Casarini y a los Movimientos Populares con motivo de Pascua. Casarini fue el líder de las protestas “No-Global”, que destruyeron Génova, en julio del 2001, durante la reunión del entonces G8. Actualmente él es secretario regional del partido denominado Sinistra Italiana (Izquierda Italiana) y es responsable por la organización Mediterranea Saving Humans, que pleitea el ingreso de inmigrantes en Italia, a pesar del cierre de las fronteras por causa de la epidemia, incluso a los europeos del Espacio Schengen. El día 11 de abril fue dada la noticia de que el Papa envió a  Casarini una nota manuscrita, en la cual agradece al “Caro Fratello” “su testimonio, que me hizo tanto bien”. Y concluye: “Quiero decirle que estoy a su disposición para darle una mano siempre. Cuente conmigo. ” 96
Más elocuente aún fue la carta que dirigió, el mismo día de Pascua, a los “queridos amigos” de los “movimientos y organizaciones populares” del mundo entero, entre los cuales el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra – MST. En la misma el Papa Francisco señala que “tal vez haya llegado el momento de pensar en un salario universal, que reconozca y  dignifique las nobles e insubstituibles tareas que realizan”
Al respecto, el vice-presidente español Pablo Iglesias se aprovechó de tales declaraciones pontificias para criticar las reticencias de los obispos de su país al carácter permanente del salario universal diciendo: “Me quedo con lo que ha dicho el Papa, que ha demostrado nuevamente una enorme sensibilidad social al plantear la necesidad de que todo el mundo tenga un ingreso mínimo vital, y hasta nueva orden, el Papa es el jefe de la Iglesia Católica”.97
Y el Pontífice agregó en su carta a los movimientos populares: “Si la lucha contra el Covid es una guerra, ustedes son un verdadero ejército universal, que lucha en las trincheras más peligrosas. Un ejército sin otras armas sino la solidaridad y el sentido de comunidad, que reverdece en estos días en que nadie se salva solo”.
Dando un vago asentimiento a las utopías ecológicas y autogestionarias de los movimientos populares (como el MST de Brasil, o los cartoneros de Argentina), el Papa también manifestó su esperanza de que “los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad”. Porque “ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir”.  Concluyó su carta afirmando que los movimientos populares “poseen una voz autorizada para testimoniar” que el cambio es posible y les pidió que “sigan con su lucha”.98
El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, presidido por el Cardenal ghanés Peter Turkson creó una comisión especial compuesta por cinco grupos para preparar el post-Covid-19, para lo cual cuenta con la colaboración de otros organismos de la Santa Sede, en particular con las dos academias dirigidas por Monseñor Sánchez Sorondo. El segundo de esos grupos tiene como objetivo “vigilar la noche como el centinela, para ver la aurora”, según afirmó el Cardenal. Para hacerlo, es necesario “conectar las mejores inteligencias en las áreas de la ecología, de la economía, de la salud, de la asistencia social", es necesario “profecía, creatividad” para “ir más allá”. Las crisis se sucederán unas a las otras, “en un proceso en el cual seremos obligados a aprender lentamente y dolorosamente a cuidar nuestra Casa Común, como lo enseña tan proféticamente el Papa Francisco en la Encíclica Laudato Si’. Es necesario tener valentía, profecía”. El Cardenal Turkson, utilizando un lenguaje similar al de los partidos verdes y de la izquierda alternativa, explicó que “habitar la Tierra como Casa Común requiere mucho más: requiere la solidaridad en el  acceso a los bienes de la creación como ‘bien común’,  solidaridad en la aplicación de los frutos de la investigación científica y de la tecnología para hacer nuestra ‘Casa’ más sana y más vivible para todos”.99

Si la actual maniobra planetaria tuviere éxito, el castigo de Dios será inevitable –Pero, ¡Nuestra Señora triunfará!

La maniobra de trasbordo ideológico que Plinio Correa de Oliveira denunció en el año 1965, tuvo un gran resultado dentro de la Iglesia Católica y del mundo civil. La manipulación de la palabra talismán "diálogo" favoreció la simpatía de muchos sectores del clero y de parte del laicado con relación al socialismo y al comunismo – lo que desembocó en la fracasada Teología de la Liberación- y condujo a formas heterodoxas de ecumenismo y de diálogo inter-religioso, como la reciente Declaración de Abu Dhabi.
Pero ella fracasó en el plano político, porque ni los europeos se dejaron engañar por el "eurocomunismo" de fisonomía humana, ni los latinoamericanos por el "socialismo cristiano". La crisis interna detrás de la Cortina de Hierro y su corrida armamentista condujeron al colapso de la URSS y al reciclaje del comunismo en el neomarxismo cultural.
Es posible que, en la actual coyuntura, caracterizada por el pánico, esta maniobra pueda tener más éxito. En este caso, aún cuando de modo pasajero, un "nuevo orden mundial" ecológico y socialista (centralizador o autogestionario) podría ser impuesto a la humanidad con las bendiciones del Vaticano.
En esa eventualidad, no hay duda alguna de que la humanidad merecería un gran castigo, cuyo preámbulo habría sido la misma pandemia en curso. Al respecto de esta hipótesis, algunos altos prelados se pronunciaron con vehemencia contra la opinión de quienes ven en el coronavirus la mano de la Divina Providencia,  castigando al mundo por los inmensos pecados que hoy son cometidos (aborto, uniones homosexuales, blasfemias de todo género). Dichos eclesiásticos argumentaron que Dios no podría castigar a los justos y pecadores de forma indiscriminada, como lo hace el Covid-19.
La respuesta a esa objeción la suministró Plinio Corrêa de Oliveira en una nota del mismo libro que hemos comentado: Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo. En el texto transcripto a continuación, basta que el lector cambie las palabras "catástrofe termonuclear" por “pandemia” y "ruina económica" por "nuevo orden mundial ecológico y socialista" para tener una versión actualizada de esa advertencia profética del líder católico brasileño. Después de afirmar que el aceptar la generalización del comunismo en el mundo para salvar la paz (aceptar el "nuevo orden" para evitar el coronavirus, diríamos nosotros), el ilustre autor continúa:
“Ese pecado supremo, por el hecho de ser cometido por naciones y no tan sólo por individuos, está sujeto a la Justicia Divina de un modo muy especial.
“En efecto, mientras los pecados de los individuos pueden ser castigados en este mundo o en el otro, lo mismo no ocurre con el pecado de las naciones. Estas, como dice San Agustín, no pudiendo ser recompensadas ni castigadas en la otra vida, reciben aquí mismo el premio de sus buenas acciones y el castigo por sus crímenes.
“A un pecado supremo de los países corresponde, pues, en términos de justicia, un castigo supremo en este mundo. Y éste bien puede ser la catástrofe termonuclear.
“Así, existe más peligro que una catástrofe de esa índole ocurra en la apostasía que en la fidelidad.
“Esta afirmación se probará aún mejor si no consideramos sólo el castigo sino también el premio. Las naciones fieles a la Ley de Dios deben recibir en esta tierra la justa recompensa. Nada, pues, es más propio a atraer para un pueblo la protección y el favor de Dios, aún en lo que se refiere a los bienes de esta vida, que la fidelidad heroica ante el peligro termonuclear. Esa fidelidad es el medio por excelencia de apartar dicho peligro.”
En nuestro caso, para evitar que la Justicia Divina nos castigue merecidamente con nuevas olas epidémicas del coronavirus, aún más letales, no debemos dejarnos dominar por el pánico ni por la mayor operación de trasbordo ideológico de la historia que él mismo favorece. Aun cuando tal trasbordo cuente con el apoyo del Vaticano.
Por el contrario, debemos rechazar el “mundo nuevo” que las sirenas del ecologismo, del globalismo y del neo-socialismo nos ofrecen, permaneciendo fieles a la Ley de Dios y al consejo del Divino Maestro: “Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura” (Mt. 6, 33).
Es esa fidelidad la que contribuirá a adelantar la realización de la gran promesa que Nuestra Señora de Fátima hizo al mundo en la Cova da Iria:
“Por fin, ¡mi Inmaculado Corazón triunfará!”
San Pablo, 26 de Abril de 2020,
fiesta de Nuestra Señora del Buen Consejo
Instituto Plinio Corrêa de Oliveira







[40] Ibid.





 [JAM1]sacar